viernes, 26 de junio de 2020

Torito

No sé nada en absoluto.

Veía Nat Geo Wild cuando uno de mis recuerdos más lejanos vino a mi mente.

Tenía como cuatro o cinco años y Luis Miguel acababa de sacar su disco.

Madonna también había sacado su disco recopilatorio de baladas y llegó a mi casa porque los Reyes Magos se lo dejaron a mi mamá.

Una tarde -que seguramente era lluviosa porque todas las tardes de mi infancia eran lluviosas- vi un documental sobre el Sahara.

La madre primeriza acababa de dar a luz un pequeño bizonte que a penas y podía mantenerse en pie, mucho menos podía luchar por su vida. Tras una persecución en la que una leona intenta atrapar al pequeño torito y luego de que estuviera a punto de salvar su vida, la leona finalmente caza a la presa.

Toda la tarde pensé en el torito muerto y los siguientes 22 años.

Diario mueren animales, personas, organismos, ecosistemas... pero diario tengo de nuevo la sensación de no poder hacer nada ante el inminente curso del mundo, de la naturaleza y del tiempo.

Cuando tenía como 15 años y seguía deprimiéndome por las cosas que se escapan de mis manos, mi primo, que en ese entonces tenía 5 años, me decía que no me preocupara, que así eran las cosas y era lo normal.

Todo me afecta a ratos, todo me recuerda que soy frágil y cedo ante todo.

Todo me quiebra, hasta un triste y trivial documental.

Y pienso que no estoy hecha para este mundo en el que las cosas me afectan demasiado y que cualquier cosa me romperá un día de una vez por todas.

Me golpea tanto escuchar ese disco de Madonna, no por el torito ni el documental, sino por toda la tristeza que representa.

La abrumadora tristeza que me antecede y me estigmatiza porque no me puedo librar de ella. Ni siquiera es mi tristeza.

Como sea, casi tengo 30 años y me sigue causando conflicto ver morir a seres que tenían que morir y que morirían de cualquier modo.

Soy tan ñoña

Estoy en el camino hacia algún lugar donde finalmente abrazo mi fragilidad

No hay comentarios:

Publicar un comentario