Nos sentamos y pedimos un café con leche típico que tomamos con lentos y largos sorbos mientras intercambiábamos miradas de complicidad. Entonces recordé que había dejado el bebé en el auto, ¿Cuántas horas había estado ahí?
Ciertamente no era mi bebé, pero yo lo dejé en el coche y había olvidado alimentarlo, ¿Qué cuentas voy a dar? -Pensé. Pedí disculpas y salí de prisa rumbo al estacionamiento. Cuando llegué en efecto estaba dormido, acababa de despertar y al parecer no le había hecho falta la comida que no le dí.
Lo tomé entre mis brazos y le di el biberón, aceptó la comida mientras se acomodaba para seguir durmiendo.
Lo arrullé con caricias tiernas y sinceramente desee que estuviera completamente bien, era demasiado pequeño para dejarlo en el asiento trasero, así que decidí sostenerlo hasta que hubiéramos llegado.
Pero al llegar su figura se había vuelto una barra de jabón. Quise decirle a la señora que sólo hacía falta darle nuevamente forma y dibujar su cara con las líneas correctas, que el bebé estaba ahí, ellas lo tenían en las manos, entre las cobijas.
Y la angustia amenazó con invadirme pero todo estaba bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario