Y habrán muchos días así…
Despertaré con la piel escaldada sin alguna expectativa de
cambio, mis manos estarán congeladas. Y es que, en efecto, no tendré.
Porque sé que he perdido, perdí las ternura admirar las
montañas y atardeceres, perdí mi refugio
y condiciones. Los párpados, las espinas.
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