Sin Word. En el sentido literal y en la
connotación de la cultura pop. No tuve palabras para escribir los últimos
meses, la razón.. pues, creo que es mi depresión básicamente, si bien hay días
en los que funciono con plena normalidad hay otros en los que ataca mucho más
recio y me deja sin fuerzas para encneder la computadora y ponerme a escribir,
sin fuerzas para escuchar incluso.
Así fue como trancurrió el Marzo más frío que
recuerdo (si mi memoria está limitada a los tres últimos años, febrero ocurrió
sin pena ni gloria y el semestre ha ido de mal en peor, sobre todo cuando todo
parece ir justo en el sentido contrario. Hace un rato no tenía ganas de nada,
dormir me hizo recuperar unos pocos ánimos para escribir un poco, no se si sea
la decepción, depresión, la desnutrición, la desolación o que chingados. O bien
si se trate del clima, las lluvias comienzan afortunadamente, las lluvias
comienzan con tantos recuerdos consigo.
Esa vez, el aroma del polen, el mismo
inconfundible olor en los panteones inundaba el ambiente a la par de la lluvia,
mientras caminaba de la mano de Mario, no profería palabras, estaba más inmersa
en la poesía arrítmica dentro de mi mente. Y luego vinieron los desencantos,
cuando dejé de tener contacto con él tuve muchas ganas de buscarlo en donde
fuera, una noche cualquiera hasta dar con él, eso quería, encontrarlo al ritmo
de una rola de The Cure. El verano siguiente, mucho más lluvioso que la
primavera llegó el rock ochentero a mis oídos: Joy Division, The cure, Bauhaus
y me enamoré, comencé a recontruírme por segunda vez. Una vez de tantas.
Irónico que ahora, algo así como 4 años después
esté con Luis, y justo él “tal vez el que me salve”, quien estuvo a mi lado
mientras iniciaba una nueva re-definición sobre mi agrado hacia The Cure…
The Cure! Quisiera contar la historia completa
de cómo inicia todo entre Luis y yo, pero me limitaré a relatar en dónde
comienza la historia de Luis, Robert y yo. Fue hace algunos meses, cuando
salieron a la venta los boletos para el concierto de “La cura” en el Foro Sol.
Tenía ganas de ver a Robert en acción desde mi primer contacto con la banda, la
primera vez que vi el video “The end of the world” hace algo así como 9 años.
ME llamó su maquillaje, su cabello desordenado y su estridente voz, me
atraparon. Puedo recordar mis palabras a mí mamá “mmm si, esa banda, The cure,
creo que darán un concierto en el palacio de los deportes o algo, ojalá pudiera
ir”. Como sea, en cuanto me enteré de que volvían a México mi entusiasmo fue
tal que Luis, mi Luis, decidió llevarme al concierto con motivo de mi
cumpleaños número 21.
El 21 de abril después de varios kilómetros en
un microbús, llegamos al fin al bendito puente de Río Churubusco, entre ríos de
personas. Eran algunos hipsters, fresas, uno que otro dark, algunos hombres con
peluca. Cada que voy a un concierto me emociono demasiado, pero éste era uno de
esos conciertos sumamente esperados, moría por escuchar a todo lo que da High
por decir un ejemplo.
Después de un par de vueltas inecesarias y de
perdernos en algunas ocasiones, al fin llegamos a lo que aparentemente eran
nuestros lugares. Luis reconoció de inmediato a su amigo “Tona” que casualmente
había comprado boletos justo en frente de nosotros.
-Ese Tona, que pedo! –Dijo Luis
-No, yo… no
-No eres el Tona, we?
El Tona respondió que no, con una cara de susto
que recordaré toda mi vida, Luis explicó que era “igualito” a un amigo suyo de
la universidad, y después tuve un corto pero placentero ataque de risa. Tomé
algunas fotos en las gradas, minutos después no re-acomodaron una fila más
adelante, justo en el lugar que había ocupado el gandaya del Tona. Reímos por
un rato y dieron las ocho de la noche. Esperé que saliera al fin Robert pero en
vez de eso, apareció un sismo de 5.8 grados que ni siquiera noté, pero que
causó histeria entre toda la gente alrededor.
Y al fin, a las 8.50 más o menos, salió Robert, tocando Open.
La emoción de verlo ahí fue mucha, pero aumento
cuando tocó High, lo que sentí fue increíble. DE nuevo en el foro sol, tocando
casi las nubes, junto a la única persona con quien deseaba estar, única y
absolutamente, escuchando High. “Keep on holding you my arms so tigh… i’ll
never let you slip away…” lo pensé, lo mire mientras él veía el escnario y
determiné que es ahí justo en donde quiero estar, todas las personas suelen
causarme repulsión, quiero decir, a veces yo misma me causo un disgusto
terrible. Pero él, cuyos defectos no se cuentan con los dedos de la mano, justo
él era la persona con quien deseo estar, a quien nunca dejaré ir. Estaba tan conmovida
que derramé una o dos lágrimas. Inmediatamente después comenzó The end of the world,
increíble, regresé a cuando estaba en la secundaria y comenzaba con líos existenciales
que hasta la fecha me deprimen. Después vino la canción más cliché del mundo, Luis
segura incluso que en esa canción todos se besaron: Lovesong es curioso, me han
dedicado al menos 3 veces esa canción al grado de perder significado, pero esa noche,
muertos de frío, frente a la inigualable voz de Robert Smith recobró un significado
absolutamente distinto al que tenía, nuevas construcciones erigiéndose sobre cualquier
cosa que haya ocurrido antes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario